Si son fans de la velocidad, la tecnología y el rugir de los motores (o en este caso, del zumbido de la Inteligencia Artificial), agárrense porque esto les va a encantar. Imagínense el icónico circuito de Laguna Seca en California, pero con una pequeña diferencia: los monoplazas no llevan un piloto humano al volante. Resulta que, por primera vez, la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey se lanzó a competir al Indy Autonomous Challenge. Y no lo hicieron solos, sino que armaron un verdadero Dream Team llamado PoliMOVE-TEC en colaboración con la Michigan State University (MSU), la Lawrence Technological University (LTU) y el Politecnico di Milano.
Para los que no tienen el radar encendido, el Indy Autonomous Challenge es básicamente la “Champions League” de los vehículos autónomos de alto rendimiento; un evento internacional que reúne a equipos universitarios para desarrollar y validar sistemas de conducción autónoma. El reto no es cualquier cosa: los equipos tienen que programar a los conductores de Inteligencia Artificial para que manejen unos monstruos de pista llamados Dallara AV-24. Estos carrazos están equipados hasta los dientes con sensores LiDAR, cámaras de última generación y algoritmos súper especializados que procesan todo en tiempo real. A diferencia de los cochecitos autónomos que van despacito en las ciudades, estos monoplazas operan de manera completamente autónoma bajo condiciones cercanas a los límites de desempeño.

¡Y vaya que los mexicanos no se achicaron ante las potencias mundiales! En esta edición, que se armó el 10 de septiembre de 2026, participaron ocho equipos universitarios de instituciones pesadas en tecnología como UC Berkeley, Carnegie Mellon, Caltech, Purdue y KAIST. ¿El resultado? El equipo PoliMOVE-TEC se subió al podio llevándose el segundo lugar en la competencia Time Trial (contrarreloj) y un nada despreciable tercer lugar en el Head-to-Head (frente a frente) en Laguna Seca, California. Esto demuestra que, cuando se trata de poner a prueba tecnologías de percepción, planeación y control a altísimas velocidades, el talento hecho en el Tec de Monterrey está para competir de tú a tú con cualquiera.
Pero la neta, más allá de los trofeos y la gloria, lo verdaderamente importante aquí es la ciencia detrás del volante. Jorge Lozoya, líder del grupo de investigación en movilidad y de BloomDrive Intelligence (una iniciativa de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tec), nos lo dejó súper claro: llevar estos vehículos a la pista permite entender cómo la tecnología autónoma percibe, decide y actúa en milisegundos bajo condiciones que difícilmente se pueden reproducir en la calle. Estas pruebas extremas de aceleración y frenado sirven para identificar los límites del sistema y generar conocimientos que mañana contribuirán al desarrollo de sistemas avanzados de asistencia al conductor (ADAS), transporte público más seguro, logística y robótica.
Al final del día, esto es una escuelota increíble para los investigadores y estudiantes. Imagínense ser estudiante y que tu examen final sea lograr que un coche de carreras tome decisiones a toda velocidad sin estrellarse. Como bien dice Ismael Vidal, estudiante de doctorado del Tec: en la pista, la teoría se convierte en decisiones de ingeniería medibles y confiables, donde percepción, planeación y control deben funcionar como un sistema completo. Todo este esfuerzo es parte de la estrategia del Tec de Monterrey para llevar la investigación al mundo real, recordando que actualmente ocupan el puesto #48 en el QS World University Rankings by Subject para Ingeniería, siendo la única escuela latinoamericana en el top 50 global. Y ojo, que la alianza con el Politecnico di Milano va para largo, con miras a continuar proyectos durante el 2026 vinculados con la Carrera Panamericana. ¡Un orgullo total!

