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¡Adiós al “no soy buena para las matemáticas”! Cómo la ciencia convierte a las niñas en verdaderas rockstars 🎸

Mamás, papás, tíos… levante la mano a quién no se le ha roto un poquito el corazón cuando, a la hora de hacer la tarea, escuchan a las niñas decir la temida frase: “Es que no soy buena para las matemáticas” o “La ciencia es súper difícil para mí”. La neta es que escuchar esto duele, y mucho. Pero aquí en Sala 404 les tenemos una revelación que les va a volar la cabeza: la mayoría de las veces, estas palabras no reflejan una falta de capacidad neuronal ni mucho menos. Lo que realmente están gritando es una profunda falta de confianza. Ese famoso “síndrome del impostor” del que tanto hablamos los adultos (esa vocecita que te dice que tus logros son pura suerte o que no eres “suficientemente buena”), empieza a sembrarse desde que son unas chavitas. Y tristemente, es en el terreno de la tecnología y las ciencias exactas donde esta inseguridad echa raíces más profundas. Pero tranquilos, que la narrativa se puede cambiar por completo.

Para entender el problema, tenemos que hablar de lo que los expertos llaman “la etapa crítica”. Diversos estudios y datos de organizaciones globales demuestran que, a los 6 años, las niñas se sienten unas verdaderas superheroínas, igual de capaces que los niños para desarmar cosas o hacer sumas. Sin embargo, algo hace cortocircuito cuando llegan a la preadolescencia, justo entre los 8 y los 12 años. Es en este bache donde muchísimas niñas pierden el interés en las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés). ¿La culpa? La bendita presión social, la falta de referentes femeninos en los libros de texto y la internalización de estereotipos absurdos que les hacen creer que estas áreas “son para niños” o que a fuerza necesitas ser un genio nivel Einstein para participar.

A esto súmenle un factor letal: el perfeccionismo. A las niñas se les enseña desde muy pequeñas a no ensuciarse, a ser ordenaditas y a tener la respuesta correcta a la primera. Este miedo paralizante a equivocarse las aleja de la experimentación. Pero aquí es donde entra la magia pura y el mejor antídoto que existe actualmente en la educación moderna: la cultura y metodología “Maker” (aprender haciendo). En lugar de aburrirlas memorizando fórmulas interminables en un pizarrón o buscando la respuesta “perfecta” en un libro de texto, el enfoque Maker las invita a meter las manos al lodo. Las empuja a construir, a pegar, a desarmar, a conectar cables y, sobre todo, a intentar.

En un entorno Maker, equivocarse deja de ser un motivo de vergüenza o una cruz en el examen, y se convierte en una simple y necesaria parada en el camino hacia un descubrimiento brutal. Cuando una niña construye algo desde cero con sus propias manos, recupera el control absoluto de su aprendizaje y su autoestima se va a las nubes.

No hay mejor escenario para ver esta transformación en vivo y a todo color que un taller de robótica. Imagínense esto: una niña pasa un buen rato programando un pequeño robot, lo enciende y… no se mueve. Hace unos años, su primer instinto hubiera sido tirar la toalla y decir “soy un fracaso, esto no es lo mío”. Pero en un entorno STEM bien guiado, su cerebro hace un switch y la motiva a decir: “A ver, ¿qué cable conecté mal?” o “Vamos a revisar la línea de código”. La robótica les enseña el poder del “todavía no funciona”, mostrándoles que un error no es una derrota, es solo un reto a resolver, un bug que hay que arreglar. Les enseña a analizar un problema complejo, ajustar los detalles y volver al ruedo.

Esta es la definición exacta de resiliencia. Y lo más hermoso de todo este asunto es que esta mentalidad no se queda arrumbada en el salón de clases o en el laboratorio; se la llevan puesta para toda la vida. Aprenderán a enfrentar los obstáculos del día a día, ya sea en la escuela, en sus relaciones o en su futura vida profesional, con esa misma actitud de resolución. Ver la cara de una niña iluminarse de puro orgullo cuando su experimento químico burbujea o cuando su robot da ese anhelado primer paso, es ver cómo el síndrome del impostor se hace polvo. Es presenciar el nacimiento de una futura creadora, líder y mujer segura de sí misma.

Así que este verano, en lugar de dejarlas a merced del aburrimiento, inscríbelas en un espacio seguro donde equivocarse sea el primer gran paso para inventar algo increíble. Nuestros amigos de Epic Queen, que son unos verdaderos rockstars en empoderar a niñas mexicanas en la ciencia, tienen la solución perfecta.

👉 Conoce todo sobre el Epic Queen Summer Camp y asegura su lugar aquí: [epicqueen.com/verano] ¡No lo dejen para el último minuto!

Ana Karen

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