Después de semanas de duelos, honor y ese Westeros más íntimo que tanto necesitábamos, El Caballero de los Siete Reinos ha llegado a su final… y sí, podemos decirlo sin miedo: fue excelente.
Basada en las novelas cortas de George R. R. Martin, esta historia nos llevó décadas antes de los eventos de Game of Thrones, pero lejos del caos político masivo y las guerras épicas, aquí el corazón fue otro: la relación entre Dunk y Egg.
Lo que hizo especial a esta serie fue su tono. Más humana. Más terrenal. Más caballeresca. En un universo donde traicionar es moneda corriente, ver una historia sobre honor genuino, lealtad y crecimiento fue refrescante. No todo se trató de dragones o conspiraciones, sino de decisiones pequeñas que cambian destinos grandes.
Además, la producción mantuvo el nivel que esperamos de HBO: fotografía impecable, ambientación cuidada y combates que se sintieron reales, no exagerados. Westeros volvió a sentirse vivo, pero desde una perspectiva más cercana.
El final no necesitó explosiones ni giros imposibles. Apostó por cerrar el arco emocional de sus protagonistas, dejando claro que esta saga puede sostenerse no solo por la sangre y el fuego, sino también por el honor.
Si este es el futuro de las historias derivadas del universo creado por Martin, vamos por buen camino.
En Sala 404 lo decimos claro: Westeros todavía tiene mucho que contar… y esta fue una prueba de ello.

